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LA PINACOTECA
DE LA UNI: |
A mediados del presente siglo no existían tantas universidades como ahora. En cambio, su presencia en la sociedad era mucho más notoria, por lo menos en el plano de la actividad cultural . Es en esa época que se afianza el principio de Ciencia y Conciencia, según el cual una universidad es líder si crea ciudadanos líderes con formación integral. Según esto, no basta entregar al mercado profesionales duchos en el manejo de la ciencia pero analfabetos en materia de cultura, artes y literatura.
Con el ánimo de sensibilizar a la comunidad universitaria y promover su formación estética, se creó la Pinacoteca de la UNI durante la gestión rectoral del Arq. Santiago Agurto Calvo (1966-1970). Si su concepción fue un gran acierto, lo fue aún más su realización, pues se hizo una adecuada selección de los pintores más representativos y se eligieron sus mejores obras. Parece ser que la consigna del Arq. Agurto fue la de acopiar lo mejor de los mejores, y para ello contó con la ayuda de asesores tan ilustres como Emilio Adolfo Westphalen, Blanca Varela, José Miguel Oviedo y Abelardo Oquendo, quienes se encargaron de que la tarea se cumpliera cabalmente.
Como resultado se obtuvo una colección conformada con gusto exquisito, que agrupa obras de los principales artistas de la época republicana, desde Pancho Fierro hasta Szyzlo, pasando por Carlos Baca Flor, Daniel Hernández, Ricardo Grau, José Sabogal, Julia Codesido, Mario Urteaga, Enrique Camino Brent, José Vinatea Reyrioso, Carlos Quispez Asín, Sérvulo Gutiérrez y Alfredo Ruíz Rosas. Basta leer estos nombres para saber que estamos frente un tesoro que contiene 24 joyas de gran valor.
Tenemos el propósito de comentar sucesivamente la vida y obra de estos pintores, y comenzaremos por el precursor de la pintura peruana: Pancho Fierro.
PANCHO FIERRO, UN
FORJADOR DE
LA PERUANIDAD
El nombre de Pancho Fierro es muy popular en nuestro medio, y la difusión de sus acuarelas ha sido profusa. Paradójicamente, e¡ significado de su obra y el sentido de su vida no han sido debidamente apreciados.
Se ha presentado a Pancho Fierro como el mulato evocador de nostáigicas estampas virreinales, como el artista que usó sus pinceles para plasmar exclusivamente motivos limeños. En esos juicios no se tiene en cuenta que Pancho Fierro tiene poco en común con el típico limeño, ya que fue hijo de un negro liberto y su madre fue india. Ese detalle es muy importante porque el apelativo "limeño" ha sido y sigue siendo (a pesar de la mayoritaria composición provinciana de la metrópoli) sinónimo de "decente", "blanco", "criollo".

Pancho Fierro y la mayoría de los personajes de sus acuarelas fueron mestizos marginados. He allí el valor del artista que, fiel a su origen,, estableció los cimientos estéticos del autoconocimiento, fijando la atención en la esencia de la peruanidad: su población. En este sentido, es uno de los fodadores de la conciencia de la identidad nacional, que en sus días recién asomaba.
No es casual que Pancho Fierro volcara su ternura artística sobre personajes ignorados por los pintores academicistas. Tal es el caso de las rabonas, esas sencillas mujeres que animadas por su intenso afecto conyugal marchaban tras de los soldados durante la guerra, portando víveres y otros elementos de socorro. las rabonas escandalizaban a la aristocracia y al clero por su condición de convivientes no sacramentadas. Pero Pancho Fierro pasaba por alto esa formalidad y apreciaba el enorme apode de estas anónimas y eficientes enfermeras y cargadoras de pertrechos al ejército peruano, Desde lo más íntimo de su ser consideraba que las rabonas eran heroínas hermanas y no prostitutas, como la aristocracia señalaba.
En el exterior existen vanas colecciones de acuarelas de Pancho Fierro, siendo las más importantes las que pertenecen a la Sociedad Hispano-Americana en Estados Unidos, al Instituto de Etnología y Antropología de la Academia de Ciencias de Rusia, y a la Biblioteca Nacional de París, Posteriormente nos ocuparemos de la forma en que estas colecciones llegaron a las manos de sus actuales y afortunados poseedores y publicaremos, en calidad de primicia, la reproducción de algunas de estas obras que permanecen más de cien años lejos de nuestra patria.
Por ahora nos limitaremos a una de las más valiosas e ignoradas
acuarelas que tiene el privilegio de conservar la Universidad Nacional
de Ingeniería. Esta obra se llama "Estafando al pobre indio" y constituye
una contundente y frontal protesta. En ella se resume la identificación
del autor con el destino de nuestra gente. Para entender el valor de esa
protesta hay que recordar que en la Lima del siglo pasado, las familias
acomodadas enviaban al hijo mayor al servicio religioso como señal
y propósito de afirmación social y económica. Lima
contaba en ese entonces con noventa mil habitantes, de los cuales mil quinientos
eran miembros del clero. La mayor parte de ellos no vestían
el hábito por vocación, y más eran los seguidores
de Vicente de Valverde que de Bartolomé de las Casas. El perfil
de esa gris e hipócrita mayoría fue el que estampó
con fidelidad y agudeza en la acuarela aludida.
(*) Jefe Ofic. de Bienestar Universitario