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11.
Habich en la Exposición Universal de París de 1889
- La obra de Habich no se
encierra dentro de los muros de la Escuela de Ingenieros. Los
gobernantes del Perú sabían que podían contar
con un hombre que, por encima de los banderismos políticos,
sabía buscar las soluciones adecuadas a los problemas del
país. En 1889 Habich no era ya un extranjero entre nosotros.
Se había afincado definitivamente en el Perú, había
contraído matrimonio con Virginia Brando y sus hijos peruanos
estaban ya incorporándose a la vida nacional. Muy pronto
Edmundo N. de Habich trabajará como profesor y secretario
de la Escuela.
- Los grupos occidentales de poder
económico estaban empeñados en controlar el mercado
internacional. La industria europea satisfacía ya las necesidades
propias y tendía a expandirse a través de una red
comercial que llevase las manufacturas europeas más allá
de los mares. Por otra parte, las materias primas de los países
periféricos del sistema occidental eran requeridas por
las fábricas establecidas en los países centrales.
A estas finalidades respondían las ferias y exposiciones.
- Castel, presidente de la comisión
encargada por el gobierno francés de organizar el Congreso
Internacional de Minería y Metalurgia, que se desarrollaba
dentro de los programas de la Exposición Universal de París
de 1889 para la que Eiffel construyera la célebre torre
parisina, escribió a Habich pidiéndole su cooperación
y comunicándole su designación como miembro honorario
del mencionado congreso. “El valioso apoyo de U. nos será
muy particularmente útil para dar a las discusiones toda
la importancia debida y su presencia en las sesiones aumentará
en mucho su lucimiento, y los resultados que se puedan obtener”.
- Habich contesta a Castel asegurándole
su participación en el evento en el que presentará
numerosos datos sobre la situación minera e industrial
del Perú. Por decreto del 2 de ggosto de 1889 se concede
a Habich cuatro meses de licencia para que descanse en Europa
y asista a la exposición francesa. Antes de partir hacia
París recibe diversos encargos de los ministerios e instituciones
de enseñanza. El 14 de agosto se embarca en el Callao con
los dos mil soles que se le asignaron. Llega a París en
la segunda quincena de septiembre. Al llegar a la capital francesa
se incorpora al Congreso de Ferrocarriles en calidad de vicepresidente.
- “La inmensa afluencia de visitantes
de todas las partes del mundo -decía Habich en carta al
Presidente Andrés A. Cáceres- ha hecho de ella más
que un lugar de investigaciones comparadas, de los adelantos de
la industria, Artes y Ciencias en ella representados, una feria
universal, circunstancia que ha causado grandes dificultades a
los que acudían con el fin de dedicarse a estudios serios.
Todas las Repúblicas Hispano-Americanas han expuesto sus
productos en edificios propios, con excepción del Perú,
Colombia y Honduras, que se colocaron, las dos primeras en los
lugares menos visibles del Pabellón Uruguay...Es de sentirse,
excmo. Sr., que se haya dado en esta exposición tan triste
idea del Perú, por la deficiencia de sus envíos,
tanto más, cuanto que se habría podido hacer lo
que por razones políticas han efectuado los países
monárquicos y hasta algunas repúblicas como el Ecuador,
Santo Domingo, etc. llevando a cabo su exposición exclusivamente
o en parte, con medios privados”. Se refiere después Habich
a la mala reputación que tiene el Perú en los medios
inversionistas debido a sus enemigos. Esta mala reputación
había dejado eco en el Gobierno Francés. Pero él
se estaba esforzando en deshacer esa mala fama creada sin duda
por los descalabros del guano en la década anterior. Las
palabras de Habich dejaban en gobernantes, financistas e industriales
la buena semilla que pronto fructificará en un estrechamiento
de vínculos entre el Perú y Francia. Para la difícil
tarea de levantar la opinión sobre lo peruano cuenta Habich
con su prestigio personal, con los buenos deseos del Presidente
de la República, con la restauración del orden político
y con una obra, la Escuela de Ingenieros, conocida por técnicos,
industriales e intelectuales europeos y considerada como la mejor
en su género en Latinoamérica.
- Antes de contribuir a mejorar la
opinión sobre el Perú, preocupa a Habich en París
conocer los problemas de la enseñanza profesional en todos
sus grados. Recogiendo valiosas experiencias, emite un conjunto
de informes que revelan su agudo espíritu de observación.
La educación estaba pasando en Europa por una etapa de
transición y de tanteo. Las nuevas reglamentaciones tendían
a adecuarse al principio elemental de equilibrar la oferta con
la demanda.
- En Europa Habich desempeñaba
tan variadas comisiones que lo que debía ser un descanso
para su salud quebrantada se convirtió en una etapa de
mayor agitación de la que tenía en Lima. Representa
al Perú en el Congreso Internacional de Ferrocarriles,
en la Conferencia Universal del Metro y en otras muchas reuniones.
Recoge material de enseñanza para la Escuela de Ingenieros
y para el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe. Reúne
varios informes sobre le Canal de Panamá. Por encargo del
Ministerio de Guerra estudia las fábricas de pólvora
y explosivos. Viaja por varios países a fin de conocer
los sistemas de enseñanza técnica. Visita hospitales
y cementerios para dar una adecuada noticia a la Beneficencia
Pública de Lima, interesada en mejorar estos establecimientos.
En lo referente a minería opina Habich que la Exposición
Universal no había presentado los adelantos en este ramo
por la ausencia de varias naciones que tenían una industria
minera muy floreciente. “En Europa -dirá luego en los informes
al gobierno- los medios mecánicos, químicos, etc.
y el personal son tan abundantes y se encuentran tan inmediatamente,
que los métodos empleados se resienten de esta facilidad,
la que no existiendo en el Perú, hace que estos métodos
no sean aplicables aquí en la forma allá usada;
y soy de opinión que el mayor provecho que puede sacarse
de la industria Europea es procurar la creación, con capitales
y hombres de allá, de establecimientos metalúrgicos
y explotaciones importantes que puedan rivalizar con los de aquel
continente”.
- Al referirse a la legislación
minera da cuenta del movimiento socialista y concretamente del
socialismo del Estado propiciado por Lasalle en Alemania. “Tocante
a las cuestiones legales y económicas referente a la Industria
Minera, mucho se ocupan de ellas en Europa; pero bajo un punto
de vista que hasta el presente interesa poco a los países
suramericanos. Son más bien cuestiones económico-sociales,
en relación con el estado de la clase obrera dedicada a
esta industria: asegurar su suerte y la de su familia conforme
a las condiciones de cada país, tal es la gran preocupación
del día, que ha tenido su más pública y ruidosa
manifestación en el Congreso de Berlín, promovido
por el Emperador de Alemania. Sobre legislación minera,
si se exceptúan algunos ataques contra la propiedad minera,
y en sentido que favorecen el socialismo del Estado, haciendo
de ella su propiedad permanente, hay poco digno de llamar la atención”.
Habich, aristócrata por nacimineto, liberal por formación
y utilitarista por ambiente, mira despreocupado esa ebullición
ideológica que no llega a entender a plenitud. Para él
bastaba dotar al Perú de una legislación minera
única que anulase los mil dispositivos legales macidos
al margen de toda sistematización. Dicha legislación,
de marcado corte liberal, como señalaremos en seguida,
se presenta como la panacea que traerá el orden al caos
en el que está sumida la industria minera en el Perú.
- Concluidas sus múltiples tareas
en Europa y arreglados los cajones del equipaje que le acompañaría
en la travesía de los mares, sale Habich de Francia llegando
al Callao el 11 de junio de 1890. Casi un año había
durado su permanencia en Europa, que repercutió sin duda
en un mejoramiento de las relaciones económicas y culturales
con los países centrales europeos. El 26 de junio retoma
la Dirección de la Escuela que desempeñara interinamente
Ernesto Malinowski.
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